Mártires Salesianos

Un espacio para compartir y reflexionar sobre la vida de quienes sin mirar atrás se lanzaron a vivir plenamente la pascua de Cristo, dando su vida por los demás.

 

 

 

Mártires salesianos españoles,

semilla de nueva vida.

Don Enrique Saiz y 62 compañeros serán beatificados en Roma el próximo 28 de octubre

(F. Javier Valiente / Madrid).- El domingo 28 de octubre será la beatificación de 498 mártires españoles de la persecución religiosa en España durante la II República y la Guerra Civil. Entre los nuevos beatos se encuentra el grupo de la Familia Salesiana de España agrupado en la causa “Enrique Saiz Aparicio y 62 compañeros”.

El grupo está formado por 22 sacerdotes, 18 coadjutores, 19 jóvenes salesianos seminaristas, 3 laicos, y un sacerdote diocesano, también cooperador salesiano. En el grupo hay una mujer, la cooperadora salesiana Teresa Cejudo, que sufrió el martirio en Pozoblanco (Córdoba).
La edad media es de 37 años. El más joven es el aspirante Federico Cobo que fue martirizado en la zona de Puerta de Hierro de Madrid a los 17 años. El de mayor edad es el sacerdote Félix Paco Escartín, de 69 años de edad y que murió en Málaga. En el grupo de los mártires salesianos hay 17 con menos de 25 años; 14 entre los 26 y 35; otros 14 entre los 36 y 45; y 18 cuentan con más de 46 años. La mayor parte murieron en 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil. Sólo dos murieron en 1937.

La historia del martirio de estos 63 miembros de la Familia Salesiana se escribe entre la muerte de Antonio Fernández Camacho, salesiano sacerdote, que fue martirizado el 20 de julio de 1936 en Sevilla, y la del también sacerdote Pío Conde, asesinado en Madrid el hacia el 15 de marzo de 1937. Ninguno de ellos estaba implicado “en luchas partidistas, no tenían armas ni daban cobijo a desertores, jamás habían atentado contra la República legítimamente constituida ni eran reos de delitos comunes”, ha escrito el historiador salesiano Ramón Alberdi. Podría decirse que si no hubieran sido religiosos, no habrían sido asesinados.

En cuanto a los restos, cabe decir que 11 se encuentran enterrados en el panteón de los Salesianos del cementerio madrileño de Carabanchel; 31 en fosas comunes en diversos cementerios (Aravaca, Guadalajara, Málaga, Paracuellos) y de 16 no se conoce el lugar donde fueron sepultados. Los 5 restantes se encuentran en sepulturas propias en distintos lugares.  

 

Ofrecieron su vida

Como ha señalado Luis Manuel Moral, Provincial salesiano de Madrid, “para nosotros salesianos, la beatificación de estos hermanos nuestros es un motivo de alegría, al saber que fueron fieles a su vocación hasta el último momento de su vida”. Para la Congregación Salesiana, en palabras del provincial salesiano, “más allá de las circunstancias políticas y sociales que rodearon su muerte, como todos los mártires a lo largo de la historia de la Iglesia, los mártires salesianos testimonian el valor del amor y del perdón y el valor del único absoluto en la vida que es Dios”.

Entre los 63 miembros de la Familia Salesiana que serán beatificados hay salesianos sacerdotes y coadjutores, salesianos cooperadores, seglares y seminaristas, “pero todos ellos tenían algo en común –precisa Luis Manuel-, habían elegido centrar su vida en Dios y, cuanto mayores fueron las dificultades y estaba en peligro su propia vida, decidieron no salvar la propia vida, sino ofrecerla por el Reino”.

El grupo que será beatificado el próximo octubre proviene, en su origen, de dos causas de martirio distintas, instruidas respectivamente en las Diócesis de Madrid y de Sevilla. En 1985 las dos causas quedaron unificadas bajo este título: “Enrique Saiz Aparicio y 62 compañeros”. De esta forma llega a su realización este largo y complejo procedimiento, después de aquel que el 11 de marzo de 2001 llevó a la beatificación de don José Calasanz Marqués y 31 compañeros mártires salesianos de las provincias salesianas de Barcelona y Valencia.  

 

Preparativos

La Congregación Salesiana en España ha elegido como lema para la beatificación “Semilla de nueva vida”. Se han realizado ya carteles que están siendo distribuidos por todas las casas salesianas. En breve saldrá al mercado el libro “Los mártires salesianos de Madrid, Sevilla, Bilbao y León”, escrito por el historiador salesiano Pablo Marín y editado por la Editorial CCS y se preparará, además, un folleto de mano explicando el sentido que, para la Familia Salesiana, tiene hoy este importante acontecimiento, una página web y distintos materiales pastorales para grupos, parroquias, comunidades salesianas, etc.

Por otra parte, ya se ha puesto en marcha todo lo referente a la organización de la peregrinación a Roma para asistir a la beatificación de los mártires.

Tomás Alonso Sanjuán, S.D.B.    

Nacimiento: Vitigudino (Salamanca), 13-03-1893

Profesión religiosa: San José del Valle (Cádiz), 04-09-1915

Defunción: Málaga, 31-08-1936

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Al estallar la guerra civil el 18 de julio 1936, don Tomás formaba parte de la comunidad de Málaga, como Jefe del Taller de Imprenta. «Al atardecer, dos capitanes llegan al colegio preguntando por el encargado de la imprenta. Se presenta don Tomás Alonso y ellos le ordenan que imprima urgentemente un bando, cuyo original, escrito a máquina, le presentan. No ocultándosele a don Tomás las consecuencias que este hecho podría acarrear a la casa, se negó a imprimirlo. Entonces uno de ellos, echando mano a la pistola, le dijo: ”La Religión y la Patria lo exigen”… Consintió don Tomás… y al instante dos chicos… empezaron a componer el libertador escrito; pero éste no llegó a terminarse, porque a las pocas horas ya había fracasado totalmente la reacción…, y la plebe más baja y los milicianos fueron por completo dueños de la situación.»

Don Tomás había nacido en la villa salmantina de Vitigudino, de una familia cristiana. El padre era comerciante. En agosto de 1906, con 13 años de edad, ingresó en el aspirantado de Écija, aunque, en 1908, marchará como aspirante coadjutor a la casa de la Stma. Trinidad-Sevilla, imponiéndose durante tres años en el oficio de impresor. En 1911 empezó el noviciado -en San José del Valle-, pero «por su carácter algo impetuoso no pareció conveniente a los Superiores admitirlo a la primera profesión… Con gran resignación el buen novicio, por cuatro años, soportó la dura prueba…, porque tenía la firme convicción que el Señor lo quería religioso salesiano.» En 1914 es enviado a la casa de la Trinidad y en su carta de petición al director de la casa, don Esteban Giorgi: «Después de haber pedido a Dios y a María Auxiliadora luz para discernir bien mi vocación, creo poder afirmar que Dios me llama a entrar entre los hijos del venerable Don Bosco. Deseo manifestar a la R.V. el único deseo de mi corazón, y es éste: ser admitido a la profesión trienal», que hizo el 4 de septiembre de 1915.

Entregado al arte del libro – como encargado de la librería o de la imprenta-, su vida de profeso sólo conoció un cambio: dejar tras quince años Sevilla-Trinidad (1914-1929), para encargarse de la tipografía de Málaga, cargo que desempeñaba al iniciarse la guerra civil.

Rasgos de su personalidad

«Era de carácter serio, pero fuera del taller mostraba espíritu de familiaridad y alegría salesiana… El orden y el silencio reinaba donde se encontraba… El oficio fue siempre para él un instrumento de apostolado en bien de los jóvenes obreros… Con estas actitudes: laboriosidad, piedad y exacto cumplimiento de sus deberes.» «Sin oficio especial, dirigía muy bien cualquier taller, principalmente la imprenta, en la que fue corrector… Se le veía en todas partes, o sea, en los recreos, patios, filas, dormitorios… No preparaba ni el reposo ni la fatiga… preparaba el teatro, ayudaba al maestro de música…

Amante de San José, era el presidente efectivo de la Compañía de San José, preparando su fiesta con verdadero entusiasmo… Era un verdadero hijo de Don Bosco en el amor a todo lo salesiano, a las tradiciones y a todo cuanto podía redundar en beneficio de la casa donde se encontraba.»

Encarcelamiento y martirio

Miembro de la comunidad de la casa de Málaga, el 18 de julio de 1936 vivía -como está descrito- de modo especial el estallido de la guerra civil y luego el via crucis inmediato. La mañana del 21 de julio don Tomás fue arrestado con los demás salesianos y conducido, entre la grosería de la plebe, al cercano cuartel de Capuchinos, pasando aquel triste día hambre, calor, amenazas, a merced de registros oficiales. A la mañana siguiente, junto con los demás salesianos y numerosos sacerdotes diocesanos, en un gran camión fue trasladado al Gobierno Civil. El gobernador, aún reconociendo la inocencia, pero por medidas impuestas por las circunstancias, dispuso que, por aquel día, fueran encarcelados en la Prisión Provincial, en el dormitorio o brigada, que desde entonces llevaría el nombre de “la Brigada de los curas”.

Don Tomás permaneció allí durante cuarenta días. Al inicio la vida fue monótona y tranquila. El canónigo Luis Vera, testigo ocular, recuerda su actitud servicial: «Don Tomás, con caridad, se preocupaba de buscar lechos para los nuevos encarcelados… Debía ser un hombre caritativo.» El 22 de agosto, tras el bombardeo de la aviación nacional, comienzan los fusilamientos, comprendiendo don Tomás que el fin de sus días era inminente.

La terrible escena de los fusilamientos se repitió en la noche del 30 al 31 de agosto. Hacia las dos de la madrugada, apenas concluido el bombardeo, los milicianos invadieron la prisión con los fusiles cargados. Ordenaron a todos los encarcelados ponerse en pie, con los brazos en alto… y comenzaron a hacer la selección para la ejecución. «El primero seleccionado fue don Tomás, que dormía junto a la puerta de la brigada, para no fastidiar con sus ronquidos.» Hacían la selección tan al azar que incluyeron entre las víctimas un empleado del colegio y don Tomás intercedió por él asegurando que no era ni sacerdote ni religioso, súplica que fue escuchada y el empleado tornó a su puesto, «ya que el odio por Cristo no encontraba en él la requerida motivación para matarlo.»

En el elenco de la “saca” don Tomás tiene el número 57. Conducido junto a los muros del cementerio de San Rafael, [“tan cercano a la prisión que se escuchaba los disparos”], fue privado de la vida únicamente por que era religioso salesiano. Su cadáver, sepultado en la “fosa especial” de dicho cementerio, hoy reposa en la catedral de Málaga en compañía de sus hermanos de martirio.    

Emilio Arce Díez, S.D.B. emilioarce1.jpg

El mismo día que don Victoriano Fernández, desapareció también este coadjutor salesiano de la comunidad de Atocha nacido en San Martín de Ubierna, Burgos, el 31 de octubre de 1908. Entró como aspirante en la casa salesiana de Baracaldo y luego pasó al noviciado de Carabanchel Alto. Allí profesó como salesiano en 1926. Con votos temporales estuvo en las casas de Sarriá, Astudillo y La Coruña. De 1931 a 1933 estuvo destinado de nuevo en Astudillo; después, en Carabanchel Alto durante un curso y, a partir de 1934, en Madrid-Atocha, donde será otro de los salesianos de la comunidad víctima de la persecución religiosa.

Según lo narrado ya, don Emilio y don Victoriano venían de visitar el colegio de Atocha, el día 23 de julio, cuando ambos fueron detenidos junto con un antiguo alumno que les acompañaba, en las cercanías de dicho colegio. Aunque poco tiempo después, tanto el antiguo alumno como don Emilio fueron puestos en libertad, el salesiano no regresó, sin embargo, a la pensión La Giralda, en la calle Esparteros, 6, donde, como ya se ha dicho, estaban refugiados él y don Victoriano Fernández. Parece que aquella misma tarde del día 23 de julio que lo liberaron, le detuvieron nuevamente cerca del colegio. Algunos testigos “de oídas’ afirman que fue conducido a la Casa de Campo. Que antes de ser ejecutado pidió licencia a sus asesinos para hablar, y se la concedieron. El gritó por tres veces: “Viva Cristo Rey”, y cayó víctima de la descarga.

Al día siguiente se exhibía su cadáver en el depósito judicial de Santa Isabel, y fue perfectamente reconocido e identificado por varias personas. De este coadjutor salesiano fusilado, se conserva una fotografía.

 

Pedro Artolozaga Mellique, S.D.B. Nació el 31 de enero de 1913 en Erandio, Vizcaya. Habiéndose trasladado la familia a Santander, entró en el colegio salesiano de esta ciudad. Siguiendo su vocación, desde 1926 estuvo un año como aspirante en el seminario salesiano de Astudillo (Palencia) y tres años más en el colegio San Miguel Arcángel del Paseo de Extremadura, en Madrid. Hizo el noviciado en Mohernando (Guadalajara), donde profesó como salesiano en 1931.pedroartolozaga1.jpg
En 1933 fue destinado al colegio María Auxiliadora de Salamanca para realizar las prácticas pedagógicas, que acabó al empezar el verano de 1936. Destinado, entonces, a Carabanchel Alto, donde en otoño debía empezar los estudios de teología, desde el 20 de julio de 1936 sufrió la persecución con los salesianos de dicha comunidad y, en su caso, también el martirio.

Don Pedro estaba refugiado en la pensión Nofuentes de la calle Puebla, 17, junto con don Carmelo Pérez y los primos Mata, también mártires. Allí les detuvieron dos milicianos el 1 de octubre de 1936 por ser religiosos. A don Pedro le condujeron primero al Ateneo libertario de la calle San Roque, 9, y luego a la checa de Fomento. Como era costumbre en la checa, el detenido compareció ante un tribunal y fue interrogado. Después nada se supo de él. El mismo misterio que envuelve tantas ejecuciones perpetradas por checas autónomas incontroladas, impide saber las circunstancias del martirio de don Pedro Artolozaga. Su cadáver apareció el 3 de octubre en la carretera de Andalucía. Había dejado escrito en sus apuntes espirituales del noviciado: “Pedía al Señor me diese la muerte antes de ofenderle”. 
   

Bartolomé Blanco Márquez, Laico

Nacimiento: Pozoblanco (Córdoba), 25-11-1914

Defunción: Jaén, 02-10-1936

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Nació el 25 de noviembre de 1914. Sus padres murieron cuando Bartolomé aún era muy niño, siendo acogido por sus tíos. Al abrir los salesianos en Pozoblanco su Oratorio Festivo, lo frecuentó desde el primer momento y más tarde se hizo catequista.

Inaugurada en 1932 la Juventud de Acción Católica, destacó entre los demás socios y desempeñó el cargo de secretario a plena satisfacción de todos. Ingresó en 1934 en el Instituto Social Obrero y, terminados sus estudios, como delegado de Sindicatos Católicos fundó ocho centros.

El 18 de julio de 1936, día del alzamiento del General Franco, Bartolomé se puso inmediatamente a disposición de la Guardia Civil (yo suprimiría este párrafo que da lugar a malintencionadas interpretaciones).
Encarcelado dos meses más tarde, su conducta como preso fue ejemplar.
Trasladado a Jaén ante el tribunal que le juzgaba, confesó su fe en Cristo con valentía y firmeza. La noche antes de morir escribió estas frases: “Al matarme me dan la verdadera vida, y al condenarme por defender los ideales de religión, patria y familia, me abren las puertas del cielo”.
Ya en el lugar del suplicio, besó las manos al guardia que le esposaba y rehusó ponerse de espaldas, porque –decía- “el que muere por Cristo ha de presentar el pecho”. Y junto a una encina, los brazos en cruz y al grito de “¡Viva Cristo Rey!” fue fusilado.

José Blanco Delgado, S.D.B.

Nacimiento: San Bartolomé de Ganade (Orense), 10-11-1892

Profesión religiosa: San José del Valle, 21-08-1914

Defunción: Morón de la Frontera, 21-07-1936

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También fue asesinado en Morón de la Frontera. ¿Dónde estaba don José Blanco, tras la descarga cerrada con que fueron recibidos al aparecer en la plaza del Ayuntamiento? No se halló entre los cuerpos diseminados por la plaza, ni ocupó un lugar en el camión que los condujo al cementerio, mientras sí lo ocuparon el director, don José Limón, y don Rafael Infantes… No estaba muy lejos y, al día siguiente, ya cadáver, se uniría en el cementerio, aunque, por un cierto tiempo, en fosa aparte.

Este gallego que, «a pesar de su aspecto duro o seco, mostraba tener mucho amor a la Congregación», había nacido en la aldea orensana de San Bartolomé de Ganade. Huérfano de padre aún muy niño, tuvo serias dificultades para seguir su vocación, pues «debía atender junto a la madre, no sólo a la casa y al campo, sino también al ganado y a un molino de su propiedad. Además, José muy sensato y piadoso, sufría una hinchazón general, por lo que casi fue descartado cuando desde Andalucía el P. Gregorio Ferro, estuvo por aquellos pagos buscando aspirantes a la vida salesiana. Triunfó la tenacidad de José» e ingresaba, en 1908, en el aspirantado de Écija, donde progresó en los estudios más que sus compañeros.

Pero reconocidas incurables, al menos por entonces sus enfermedades, en agosto de 1912 fue admitido al noviciado de San José del Valle como coadjutor, haciendo dos años después, el 21 de agosto de 1914, los votos trienales. «Cimentaba su verdadera vocación religiosa en un gran temor al Señor y a la condenación eterna, y en sus buenas cualidades morales, junto a un temperamento algo brusco.»

Tras pasar en Málaga el trienio 1915-1918, retornará a ella en 1922, y esta vez por ocho años se prodigará en la tarea de educador, que también ejerció en Écija durante el cuatrienio 1918-1922. Pasa a Morón por primera vez en el delicado trienio 1930-1933 con «el cargo de responsable de la escuela salesiana… que, como seglar según la exigencia de la ley, le confiaron durante la República», cargo que desempeñó como responsable de la finca en San José del Valle el curso 1933-1934, al final del cual torna a Morón, donde «sufriría el martirio.»

Carácter de Don José

Salesianos que lo trataron, destacan en él la humildad y el amor al trabajo, una piedad viril y un gran temor de Dios que lo mantenía vigilante. «Grande era su dedicación a la enseñanza, atento al progreso de sus alumnos, como era grande su amor a la Congregación, manifestado en la solicitud por la economía de la casa. Devoto de María Auxiliadora, propagaba con celo la devoción. Era un corazón, generoso, servicial, encubierto en cierta rudeza.»

Encarcelamiento y martirio

Recorrerá el camino de los otros dos salesianos, -el director y don Rafael-, hasta el momento de la descarga en la plaza del Ayuntamiento. Cuando a las diez de la mañana del domingo, 19 de julio, grupos de milicianos se presentaron en el colegio para hacer un registro, don José Blanco sin más les entregó «un fusil, que ya conocían por tener la debida autorización, disuadiéndolos de la inutilidad de buscar armas. No hicieron caso y se distribuyeron en grupos, guiados por alguien de la casa que abría las puertas y daba explicaciones.» Varias veces amenazaron con fusilarlos por la espalda… Don José Blanco, «libre ya de la vigilancia de Ledesma y Malagón (electricista uno, antiguo alumno el otro), prefirió compartir nuestra suerte a darse a la fuga que había pensado.» Por tanto, se unió al director y a don Rafael que estaban a merced de los milicianos en el pórtico del colegio… Y escoltados, entre dos filas de milicianos, «los salesianos hicieron el largo camino del colegio a la cárcel.»

Al siguiente día, lunes 20, liberados hacia el mediodía treinta y dos encarcelados por la Guardia Civil, éstos fueron a refugiarse en su cuartel, pues de no haber actuado de tal modo, habrían perecido entre las llamas. Comenzó una resistencia heroica y don José Blanco «se unió con ardor al grupo de guardias y de civiles que se defendían [-y defendían a sus familias-] con coraje, audacia y destreza… Pero bastó que el Director insinuase a don José que su puesto, como religioso, era junto a los heridos, para que dejase el arma y su pusiera a cuidarlos con solicitud…
«El cuartel ardía en varios puntos, por lo que había que rendirse si se quería salvar la vida de las mujeres y los niños… En aquellos graves momentos -[hacia las cuatro de la tarde del 21 de julio]- don José cumplía el acto supremo de arrodillarse a los pies del confesor… Después de unos minutos de vacilación, y ante la promesa de respetar nuestras vidas, optan por el riesgo que pareció menos inminente: salir a la calle con las manos en alto… Y al desembocar en la plaza, vieron con preocupación a grupos de milicianos apostados en los balcones y en los ángulos… en actitud de disparar… Instantes de indecisión, y don José Blanco con otros de primera fila avanzaron corriendo hacia la plaza, pero resonó una descarga cerrada… Y se cubrió la tierra con las indefensas víctimas.»
Don José, gravemente herido, pudo huir. «Fue encontrado la tarde del 22…, -ya cadáver, con el pulmón derecho perforado por una bala de fusil-, tendido en el rellano del primer piso de la tienda “Eladio”, situada en la misma calle del fusilamiento. Quedaban en la barandilla las huellas de las manos teñidas en sangre… La puerta del piso había sido forzada con tal violencia, que había caído el montante. Parece que la muerte le sobrevino tras varios horas de total abandono.» Luego sería inhumado en la fosa común.
Sólo el 11 de junio de 1966, exhumados «los restos de las dos víctimas salesianas, recibían sepultura definitiva en el atrio de la iglesia de María Auxiliadora.»
En el abandono -como Cristo en la cruz- y «en terrible soledad, perdiendo la sangre de las heridas y entre dolores y angustias que ignoramos, dio su vida este noble y heroico coadjutor salesiano, mártir de la obediencia religiosa y víctima del odio de los “sin Dios” por ser religioso y educador salesiano.»

Manuel Borrajo Míguez, S.D.B.manuelborrajo2.jpg

Nació el día 22 de agosto de 1915, en Rudicio-San Xoan de Seoane-Allariz, Orense. Inició el aspirantado en Allariz (Orense) y lo continuó en el colegio San Miguel Arcángel de Madrid. Hizo el noviciado en Mohernando (Guadalajara), donde profesó como salesiano en 1932. Allí mismo realizó los estudios filosóficos. En el verano de 1934 fue destinado al colegio María Auxiliadora de Salamanca para las prácticas pedagógicas. Allí se ejercitó, durante dos años, como maestro con verdadero provecho propio y de sus alumnos. Exigencias legales le privaron del uso de la sotana, pero no de su espíritu religioso y salesiano. Cuando aún le faltaba un año para terminar el trienio práctico y empezar la teología, en julio de 1936, los Superiores le enviaron durante las vacaciones de verano a la casa de Carabanchel Alto, sufriendo allí la persecución y el martirio con otros salesianos de aquella comunidad de las cercanías de Madrid y con don Pedro Artolozaga, que, lo mismo que don Manuel Borrajo, había llegado desde Salamanca también, como acabamos de indicar.
A don Manuel Borrajo lo detuvieron en la pensión Nofuentes el día 1 de octubre de 1936 y, con don Pedro Artolozaga, conducido primero al Ateneo libertario de la calle San Roque, 9, y luego a la checa de Fomento. Tampoco se supo más de él tras el interrogatorio al que le sometieron en dicha checa. Su cadáver, como el de don Pedro Artolozaga, apareció también el 3 de octubre en el kilómetro 10 de la carretera de Castellón. De don Manuel fusilado hay fotografías.

Durante toda su, por desgracia, corta vida salesiana, don Manuel se distinguió por su piedad, estudio, mortificación y exactitud en el cumplimiento de los deberes. Procuraba imitar, tanto en la piedad como en el estudio, a santo Domingo Savio.

Pablo Caballero López, S.D.B.pablocaballero1.jpg

Nacimiento: Málaga, 16-02-1904

Profesión religiosa: San José del Valle (Cádiz), 10-09-1921

Ordenación sacerdotal: Granada, 24-09-1932

Defunción: Ronda (Málaga), 28-07-1936


Siguiendo el orden cronológico, pide paso don Pablo Caballero, miembro de la comunidad de la primera casa salesiana en Ronda, las Escuelas populares de Santa Teresa, -fundada en 1902-, y que «en 1936 tenía cerca de 250 alumnos externos de Enseñanza Primaria… Formaban la comunidad cinco salesianos: tres sacerdotes, un clérigo y un coadjutor. Fueron asesinados el P. Antonio Mohedano (director), el P. Pablo Caballero y el clérigo Juan Hernández… Hay que añadir otra víctima, el subdiácono Honorio Hernández, que acababa de terminar en el Teologado Nacional de Carabanchel Alto-Madrid los estudios de teología y había sido destinado a Ronda para colaborar en las actividades de verano.»
Don Pablo nació en Málaga, siendo el séptimo hijo de una familia numerosa. El empleo del padre, conserje del Banco de España, lo obligaba a cambiar de lugar con frecuencia: Pablo «hará la primera comunión en los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Cádiz, será alumno en los Salesianos de Córdoba y en septiembre de 1916, ya aspirante, entrará como interno en la casa de Cádiz.»

Tras los cuatro años de humanidades, en San José del Valle hará durante un trienio el año de noviciado, -concluido con la profesión religiosa temporal (10-09-1921)-, y los estudios de filosofía, «distinguiéndose por su jovialidad y su piedad sencilla y sincera.» En Carmona durante el trienio 1923-1926 simultaneó las prácticas pedagógicas con el servicio militar, «que para él consistió en una hora diaria de clase a los analfabetos…» Estudia la teología (1926-1932), recorriendo las casas de Sevilla-Trinidad, Utrera, Ronda (Sagrado Corazón), de nuevo Sevilla-Trinidad, -«de donde durante 15 días lo tuvieron exclaustrado las algazaras de mayo de 1931»-y, al fin, en Cádiz, desde donde se acerca a Granada a recibir el presbiterado el 24 de septiembre de 1932.

Estrena su sacerdocio como consejero en las casas de Fuentes de Andalucía y de Montilla (1933-1934), «en cuyo externado desarrolló su gran espíritu y amor al Oratorio festivo», prosiguiendo con este mismo cargo en las Escuelas de Santa Teresa de Ronda (1935), «cuando le sorprendió la persecución…»

Rasgos de su personalidad

Su madre lo ve «de carácter alegre y temperamento tranquilo… Muy cariñoso y comunicativo con todos.» Para su hermano Francisco «era imposible estar triste junto a él… En don Pablo la caridad había dejado de ser una virtud difícil, para convertirse en la norma constante y natural de la que no sabía apartarse. A la sombra de esta virtud tan predilecta de Dios y tan salesiana, florecían todas las demás… El cumplimiento exacto de su deber, su puntualidad, su horror a la murmuración, su fervor en el rezo, su delicadeza de conciencia, eran destellos… de su vida jovial y humilde…»
Don Florencio Sánchez en su opusculito Dos meses entre los rojos [en Ronda] lo evoca con estos rasgos: «Don Pablo Caballero, joven sacerdote, de energías exuberantes, con el título de maestro, enamorado de la educación y de sus alumnos, abierto, afectuoso, alegre, comunicativo, animador de los juegos infantiles, rey de las fiestas, celoso y bueno…»

Hacia el martirio

Testimonia el coadjutor, don Rodrigo Rubio, miembro de la comunidad de Santa Teresa, que en la primavera de 1936 fueron los dos a dar un paseo al campo, saliendo por el barrio de San Francisco, en el que «apareció un chiquillo de unos ocho años insultando con frases groseras como ésta: “¡Basura y mierda para ese cura!” ”¡Pobrecito! –dijo- si supiera catecismo, no hablaría así. Rodrigo, procuremos nosotros educar bien a los nuestros”…» A tal ambiente primaveral, sucedió el veraniego, tras el 18 de julio, con la ciudad de Ronda en poder de los republicanos.

Ya hemos visto como las iglesias y casas religiosas los días 19 y 20 eran pasto de las llamas. En las Escuelas de Santa Teresa «esperaban de un momento a otro un desenlace desagradable. Don Pablo y otro, para frenar a las turbas, conciben la idea de colocar a la entrada del edificio un gran cartel con el rótulo: “Respetad este edificio que es la casa de vuestros hijos”. Y surtió efecto por unos días, durante los cuales, -como testimonió don Rodrigo-, fue familiar a don Pablo la idea del martirio. El espectáculo, desde la azotea, de la ciudad en llamas, arrancó a don Pablo la exclamación: «Me viene en mente el dicho de S. Ignacio mártir: “Quisiera ser trigo” y el otro de S. Pablo: “Quisiera ser liberado del cuerpo para unirme a Cristo”.»
«El día 26 ha sido el primer domingo laico. Sin embargo, aún se ha podido celebrar la santa Misa», para don Pablo la última de su vida. «Los salesianos, empezando por el director, don Antonio Mohedano, no han querido abandonar el colegio», cuando varios antiguos alumnos les ofrecieron sus casas.
El día 27, lunes, se presentan los milicianos para inspeccionar las Escuelas… Tras encerrar a los salesianos, empieza el registro minucioso, el saqueo, la destrucción y, una vez amontonados a la puerta de la capilla, el incendio de los objetos de culto… Los milicianos preguntaron: “¿A donde queréis ir?” Don Pablo: “Al hotel Progreso”. Y echando a andar mientras hacía la señal de la cruz, dijo: “Bueno, sea lo que Dios quiera”. El P. Pablo Caballero, el subdiácono Honorio Hernández y el clérigo Juan Luis Hernández son llevados a la pensión Progreso, con un guardia en la puerta…

Tras una noche que los presentimientos haría interminable, a primeras horas de la mañana del martes, 28, un piquete de milicianos se lleva a los tres salesianos, junto con el P. Miguel Molina, -llegado a la pensión el día 24 [como ya conocemos]-, en el lúgubre vehículo, que el pueblo llamaba “Drácula”… Entre insultos y amenazas, atados de dos en dos, los condujeron junto a las tapias del cementerio; fueron fusilados… y al día siguiente, sepultados en la fosa común… los nuevos mártires de Cristo.»

José María Celaya Badiola, S.D.B. josemariacelaya1.jpg

Nació el 24 de febrero de 1887 en Azcoitia, Guipúzcoa. En 1903 entró como aspirante en Villaverde de Pontones, Cantabria, y al año siguiente, con el oficio de alpargatero, fue admitido al noviciado en Carabanchel Alto, donde profesó como salesiano en 1906.
En 1917 embarcó para Camagüey (Cuba), de donde regresó dos años después, por motivos de salud. Allí volvió después de un segundo y largo período de estancia en Carabanchel Alto. En 1934 fue destinado a Mohernando (Guadalajara), donde se hallaba cuando sufrió la persecución que le condujo al martirio.

Don José María sufría desde hacía años de parálisis progresiva. Por esta razón se le permitió quedarse en el colegio, mientras el resto de la comunidad abandonaba por primera vez la finca, expulsados por los milicianos.
La definitiva evacuación posterior del día 3 de agosto le forzó a integrar la expedición a Madrid. El viaje, resultó para don José María un tormento. Al llegar a la capital, estuvieron primero en el centro de Izquierda Republicana y luego fueron trasladados a la Dirección General de Seguridad. Su delicada salud le impedía descender sin ayuda de un escalón. Un joven insinuó que le pusieran una silla como peldaño. Pero los milicianos, por toda respuesta, empezaron a echar la culpa de la guerra a los frailes. Y a él, por creerle uno de los sacerdotes ancianos, le acusaban de haber envenenado al pueblo con sermones.
La primera media hora en la Dirección General de Seguridad la pasaron los detenidos de pie, cara a la pared, y con las manos atrás. Don José María agobiado por su mal, pedía insistentemente la medicina que tenía en la maleta. Su ruego fue siempre desatendido.

A las 2 de la madrugada, del día 4 de agosto, con otros salesianos procedentes de Mohernando, don José María entraba en la cárcel de Ventas. Aquí le esperaban al coadjutor nuevos sufrimientos hasta su muerte. Viendo, precisamente, que su salud se agravaba, le trasladaron inmediatamente a la enfermería, donde una “extraña” inyección que le pusieron acabó con su vida. Era el día 9 de agosto de 1936. Su cadáver permaneció algún tiempo abandonado en el patio de la enfermería. Insepulto, todavía fue objeto de insultos y burlas groseras por parte de los milicianos.

Antonio Enrique Canut Isús, S.D.B.

Nacimiento: Llessui (Lérida), 17-02-1874 Profesión religiosa: Sarriá-Barcelona, 23-05-1894Ordenación sacerdotal: Plasencia, 21-09-1901Defunción: en Ronda 24-07-1936

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Don Enrique Canut, compañero de martirio del director, don Antonio Torrero, iba renqueante de cuerpo y vacilante por su vista cansada, pero con una luz y una fortaleza de espíritu admirables… Como siempre, escondido en Cristo…, Ronda admiró y magnificó su testimonio heroico, por martirial.

Nacido en la villa leridana, -diócesis de Urgel-, de Llessui, a los dieciséis años ingresó en el seminario de Urgel y, «distinguiéndose por su fidelidad a las prescripciones del reglamento fue durante dos años de estudios de latín…, un seminarista ejemplar… Atraído por la figura de Don Bosco y deseando consagrar su vida al bien de la juventud, el 20 de octubre de 1892 entró en el aspirantado de Sarriá.» Allí mismo, mes y medio más tarde iniciaba el noviciado, que coronaba el 23 de mayo de 1894 con la profesión perpetua, completando en el curso siguiente los estudios de filosofía.

El trienio de prácticas pedagógicas lo vive en las casas de Sevilla-Trinidad y de Santander; aquí las simultanea con los estudios teológicos, que prosigue en Barcelona, -en las comunidades de Rocafort y Sarriá (1898-1900)-. Es ordenado presbítero el 21 de septiembre de 1901 en Béjar, donde por tres años ejerció el cargo de prefecto. Y, sin más, recibe la obediencia de confesor en Cádiz por cuatro años; los cuatro siguientes (1908-1912) será, en Sevilla-Trinidad, un auténtico Encargado del Externado y de los antiguos alumnos, y fundador del primer “Círculo Domingo Savio” entre los antiguos alumnos más jóvenes. Tras un curso en Carmona, no tendrá otra misión que la de confesor, por catorce años de nuevo en Cádiz (1913-1927) y los doce restantes, hasta su muerte, en Ronda-Sagrado Corazón.

Los rasgos de su personalidad en los testigos procesales

Don Enrique fue siempre un hombre recto y ordenado en todas sus cosas… De carácter algo seco y reservado… Modelo de urbanidad y cortesía, su persona siempre limpia, aunque pobres y remendados sus vestidos. Hombre de profunda vida interior, la piedad se reflejaba en todo su ser… Entero y firme en sus convicciones sacerdotales… Religioso observante y modelo en la corrección fraterna…
Modelo de buen catalán, se distinguió siempre por su exactitud y su amor al trabajo, por la firmeza y constancia en exigir a los niños con métodos netamente salesianos. ¡Qué amante y detallista en la corrección de los temas! Era un enamorado de la enseñanza de la aritmética y geometría, asignaturas en que los alumnos hacían rápidos progresos.» Enamoramiento que se hacía pasión apostólica con «”la asignatura” de la confesión: Reunía cualidades para ser un confesor prudente, celoso, caritativo, por lo que, a pesar de su severidad y rectitud, su confesionario se veía asediado de salesianos y niños…»


Su martirio
Don Enrique recorrió el mismo via crucis que su director, don Antonio Torrero. El 18 de julio de 1936 Ronda estaba a merced de los comunistas. Iglesias y casas religiosas fueron saqueadas, algunas incendiadas. En el colegio salesiano del Sagrado Corazón los milicianos hicieron dos registros y «en el
segundo porfiaban a don Enrique les indicase el camino de unos imaginarios sótanos. Angustiado, intentó convencerlos de la no existencia… El director logró liberarlo de los importunos y hacer que lo dejasen ir en paz al locutorio, aconsejando a don Enrique abandonar el colegio para mayor seguridad, pero éste manifestó su pesar, suplicando le “concediese correr la misma suerte que los demás”.»

Como ya se ha narrado, el día 24 los milicianos ocupan el edificio, recluyendo a los salesianos en la pequeña estancia del portero, donde se confesaron con don Enrique. Por la tarde, llevando con ellos poca indumentaria, fueron obligados a salir del colegio. Los religiosos se intercambiaron un abrazo, repitiendo: «Nos veremos en el cielo.» El director y don Enrique piden ser llevados a casa del gran amigo de los salesianos, don José Furest, que, pocos días después, seguiría su misma suerte por ser «amigo de los curas.»
Al atardecer, sacados de la casa de la familia Furest, por el camino del “Barrio” y la cuesta de las Imágenes los condujeron hasta el “Huerto del Gómez”. «Los sufrimientos de don Enrique, casi ciego y cargado de años, fueron indecibles en aquel recorrido largo y accidentado… Ligadas sus manos con alambre, uno tras otro, escoltados por dos milicianos, fueron asesinados en el lugar llamado el Corral de los Potros por el único delito de ser sacerdotes salesianos.»
Los cadáveres permanecieron insepultos por casi veinticuatro horas, desfilando ante ellos la gente que los saludaba con burlas e insultos. Al fin, -concluye la Positio-, «colocados sobre camillas, fueron llevados al “Campillo” y de allí, en un camión, al cementerio…, [donde] yacen ignorados en la fosa común.»

Teresa Cejudo Redondo, Laica Nacimiento: Pozoblanco (Córdoba), 15-10-1890Defunción: Pozoblanco (Córdoba), 15-09-1936teresacejudo1.jpg
Nació en Pozoblanco el 15 de octubre de 1890, en una familia de hondas raíces cristianas. Siendo muy joven, perdió a su madre, y tuvo que dejar el colegio para cuidar a sus hermanos más pequeños. En 1925 contrajo matrimonio, bendiciéndolo el Señor con una hija.

Cuando los salesianos llegaron a la ciudad, se hizo entusiasta cooperadora y, al erigirse la Asociación de María Auxiliadora, fue elegida secretaria.

Cuando Pozoblanco cae en poder del bando republicano, Teresa fue apresada por su carácter de propagandista católica. Saliendo de la cárcel para el suplicio, decía a sus compañeras de prisión: “… ¡Hasta el cielo!” Era el 15 de septiembre de 1936. Ya en las tapias del cementerio, quiso caer la última para animar a todos sus compañeros con la esperanza de la vida eterna.

 

Antonio Cid Rodríguez, S.D.B.

antoniocid.jpgNació en San Xoán de Seoane-Allariz, Orense, el 15 de abril de 1890. Después de tres años de aspirantado en Écija, pasó a Sevilla para hacer el noviciado. Profesó como salesiano en San José del Valle en 1909. Allí siguió hasta 1911 y luego estuvo destinado sucesivamente en Málaga, Carmona, Sevilla-San Benito de Calatrava y Baracaldo.
De 1919 a 1929 estuvo en Salamanca, tres años en la casa de San Benito y cuatro en el colegio María Auxiliadora. Siguen sendos años en el oratorio Don Bosco de Santander y en Madrid-Atocha. De 1928 a 1931 es destinado a Madrid-Estrecho. Y de 1931 en adelante, a Santander: tres años en el oratorio Don Bosco y los dos últimos de su vida en el colegio María Auxiliadora.

Cuando se produjo la dispersión de los salesianos de la comunidad del colegio salesiano santanderino, don Antonio prefirió marchar a Bilbao, con unos familiares que vivían en Basurto. Pero allí fue pronto identificado como religioso.

Igual que en otras ciudades españolas de la zona republicana, en Bilbao, los bombardeos franquistas y reveses del Frente Popular, proporcionaban pretexto para suscitar represalias, sacas siniestras, registros escrupulosos y detenciones insospechadas. Es lo que le sucedió el 25 de septiembre a don Antonio. A media noche, cuatro milicianos llegaron a la casa donde se hallaba refugiado y, habiéndole encontrado en el registro un crucifijo y otros objetos religiosos, se lo llevaron detenido para fusilarlo. No se volvió a saber más de él. Por más averiguaciones que se han realizado se ignora su paradero.

Había dos posibilidades. Los dos lugares más frecuentes de asesinato eran el Alto de Castrejana y el Cuartel de Garellano. A don Antonio parece ser que se lo llevaron a Garellano y allí lo ejecutaron.

Esteban Cobo Sanz, S.D.B.

estebancobo.jpgNació en Rábano, Valladolid, el 21 de noviembre de 1905. En 1919 entró como aspirante en la casa de El Campello y después hizo el noviciado en Carabanchel Alto, donde profesó como salesiano en 1925. Después de realizar allí mismo los estudios filosóficos, fue destinado, para hacer las prácticas pedagógicas, a la casa de la madrileña Ronda de Atocha, donde permaneció los cursos 1927-1931. A continuación estuvo cuatro años en Carabanchel Alto cursando la teología. Terminados los estudios teológicos, fue destinado al colegio de Paseo de Extremadura durante el curso 1935-1936, al final del cual pagó con su propia vida las consecuencias de la persecución religiosa que, una vez comenzada la Guerra Civil, se desencadenó en muchos de los pueblos y ciudades de España que quedaron bajo el control de la República.
Ya nos hemos referido a don Esteban al hablar de su hermano Federico, también mártir. Según ha sido narrado, el 22 de septiembre, a las siete y media de la mañana, cuatro milicianos armados invadieron el piso donde estaban refugiados ambos hermanos, propiedad, como sabemos, de su hermana, doña Cristina Cobo, en la calle García de Paredes. 20, de Madrid. A los dos los detuvieron por ser religiosos y se los llevaron en un coche. Dijeron que los llevaban a la Dirección General de Seguridad, pero no fue así. Los fusilaron en Puerta de Hierro.

A propósito de sus disposiciones interiores, mientras estuvo refugiado en casa de su hermana Cristina, don Esteban repetía con frecuencia que sería feliz si Dios lo elegía como mártir, y que si esos eran los designios de Dios, daría la vida con alegría por Él. Decía también que los enemigos de la Iglesia no sabían lo que hacían, y debía perdonarlos porque no habían recibido educación religiosa.

Federico Cobo Sanz, S.D.B.

federicocobo.jpgEl, también, aspirante a la vida salesiana Federico Cobo Sanz llevaba en Carabanchel Alto tres cursos, cuando le sorprendió la persecución que afrontó –a sus 16 años y 8 meses- junto a su hermano, salesiano residente, igualmente, en Madrid.
Federico había nacido en Rábano, Valladolid, el 16 de noviembre de 1919. Siguiendo el camino señalado por su hermano mayor don Esteban, entró en el aspirantado salesiano de Carabanchel Alto a los 14 años.
En el asalto al seminario salesiano el 20 de julio de 1936, Federico fue, igual que todos sus compañeros, llevado al cercano colegio militar Santa Bárbara. De allí, al día siguiente, se lo llevó su hermana doña Cristina Cobo que vivía en Madrid. En su casa estaba ya el hermano de ambos, don Esteban Cobo, salesiano.
Mientras los dos hermanos estuvieron refugiados en casa de su hermana doña Cristina, practicaban vida recogida, que les facilitaba llevar a cabo sus prácticas religiosas. Frecuentaban, además, la Biblioteca Nacional, para resguardarse de registros y pesquisas de los milicianos al mismo tiempo que leían y estudiaban.

El 22 de septiembre de 1936, a las siete y media de la mañana, cuatro milicianos irrumpieron en el piso de doña Cristina Cobo y se llevaron detenidos a Federico y a su hermano don Esteban. Dijeron que los llevaban a la Dirección General de Seguridad, pero no fue así. Sus cadáveres aparecieron expuestos el día siguiente en el Depósito Judicial de Santa Isabel. En las fichas del juzgado constaba que habían sido asesinados en Puerta de Hierro. De los dos hermanos fusilados, hay fotografías.

 

Juan Codera Marqués, S.D.B.

juancodera.jpgEste coadjutor salesiano de la comunidad de Carabanchel Alto, nació en Barbastro, Huesca, el 25 de mayo de 1883. Trabajando como empleado doméstico en la casa salesiana de Sarriá pidió ir al noviciado, profesando como salesiano en Carabanchel Alto en 1919. Allí siguió hasta que en 1929 fue destinado al colegio María Auxiliadora de Salamanca y al cabo de un año al de Madrid-Paseo de Extremadura. En 1933 volvió a Carabanchel Alto, donde, como enfermero, seguía en 1936. Junto con los demás hermanos de la comunidad del seminario salesiano de Carabanchel Alto, don Juan Codera fue detenido el día 20 de julio de 1936. Durante el traslado desde el Ayuntamiento a las escuelas que sirvieron primero de cárcel, le arrancaron de las manos el rosario, y recibió como castigo un empujón que casi da con sus huesos en el suelo.Junto con don Enrique Saiz, el coadjutor, don Pablo Gracia, y el aspirante Tomás Gil de la Cal, don Juan Codera estaba refugiado, como ya sabemos, en la pensión Vascoleonesa de la calle Puebla, 17.
El día 25 de septiembre, por la mañana, salió para ir a la cárcel de Ventas, donde estaba recluida la comunidad de Mohernando, junto con el inspector de la Céltica, don Felipe Alcántara. Le acompañaba el aspirante Tomás Gil de la Cal. Ambos se despidieron indicando que regresarían por la tarde para confirmarles las noticias sobre una posible entrada en Toledo de las tropas de Franco.

A primera hora de la tarde, pues, tras la comida, salió otra vez de la pensión acompañado igualmente por el aspirante Tomás Gil de la Cal. Visitó primero, en la pensión Arriba, a don Juan Castaño y don Maximiliano Francoy. Allí se le intentó persuadir para que no volviera a la cárcel de Ventas, pero el coadjutor dijo que no pasaría nada. No se supo más de él ni del aspirante que le acompañaba. Parece ser que, a ambos, los detuvieron en las cercanías de la cárcel, la misma tarde del 25 de septiembre. Las frecuentes visitas a los salesianos allí detenidos, habían avivado las sospechas de los milicianos, que, finalmente, no sólo los detuvieron a ellos también sino que los asesinaron. Se ignoran las circunstancias de su muerte.

Juan de Mata Díez, Laicojuandemata.jpgEste empleado en la casa de Atocha desapareció el mismo día que su primo Higinio de Mata, aspirante, y el salesiano don Carmelo Pérez, ambos de la casa de Carabanchel Alto. Juan había nacido en Ubierna, Burgos, el 11 de febrero de 1903. Desde pequeño, se sintió estimulado por el ejemplo de su padre, fervoroso católico. Hasta los 14 años, Juan asistió a la escuela del pueblo distinguiéndose por su conversación limpia, carácter alegre y buen trato. Trabajó en las faenas agrícolas sin descuidar los deberes religiosos. Llegó a Madrid, al colegio salesiano de Atocha en 1931, llamado por su paisano don Enrique Saiz, compañero en los sufrimientos y mártir también; se le confió el encargo de recoger los donativos de los cooperadores salesianos, labor que Juan realizaba, según confesión del propio don Enrique, con la máxima diligencia y fidelidad, llegando por ello los Salesianos a depositar en él plenamente su confianza. Optimista y afable con todos, Juan se supo ganar las simpatías de cuantos lo trataron.
Después del inesperado asalto a la casa de Atocha el día 19 de julio, este empleado de la misma recaló en la pensión Loyola, de la calle Montera, 10. Allí se unió a otros salesianos de la casa de Carabanchel Alto. Con ellos se trasladó seguidamente a la pensión Nofuentes de la calle Puebla, 17, donde, unos milicianos que registraron la pensión y lo reconocieron como “religioso”, le detuvieron el día 1 de octubre de 1936. Junto con su primo, el aspirante Higinio de Mata, y el salesiano don Carmelo Pérez, de la casa salesiana de Carabanchel Alto, ya sabemos que Juan subió a un coche que esperaba en la puerta de la pensión y, con toda probabilidad, le condujeron directamente a un lugar desconocido donde lo fusilaron.

Pío Conde Conde, S.D.B.

pioconde.jpgEste salesiano de la casa de Estrecho que, unos meses antes de julio de 1936, había experimentado ya en su persona lo que suponía ser agredido por la multitud incontrolada, nació el 4 de enero de 1887 en Portela-Allariz, Orense. A los 15 años ingresó en las escuelas salesianas de Sarriá-Barcelona. Allí mismo hizo el noviciado y profesó como salesiano en 1906. Recibió el presbiterado en Orihuela en 1914.
Estrenó su sacerdocio en Valencia. De allí pasó a Béjar y, en 1923, al colegio María Auxiliadora de Santander. En 1927 fue destinado a Vigo-San Matías, y por último, en 1933, llegó a la casa madrileña de Estrecho, como encargado de la iglesia.

El 19 de julio de 1936 sufrió con su comunidad el asalto al colegio y los vejámenes de la multitud que, a él personalmente, le alcanzaron hasta causarle algunas heridas con derramamiento de sangre incluido . Al concedérsele la libertad en la Dirección General de Seguridad, unos amigos le acogieron en su casa en donde permaneció unos meses escondido. Por el mes de octubre de 1936, se le procuró refugio diplomático en la embajada de Finlandia. Pero ésta fue asaltada el día 3 diciembre y las personas allí acogidas trasladadas en bloque a la cárcel de San Antón. La presión internacional provocó que las autoridades republicanas liberaran a estos detenidos. Don Pío, al salir, se instaló en una pensión pero, aún con la identidad de un sobrino suyo, fue detenido de nuevo y llevado a la comisaría de Estrecho, de donde había partido la denuncia contra él por ser sacerdote salesiano.

Al ser mayor de cuarenta y cinco años, se le aplicó la ley de Evacuación, y se le condujo al Refugio de Evacuados de la calle García de Paredes. Estaba bien entrado ya el mes de marzo de 1937. Entre el 16 y el 20 de este mes, parece ser que don Pío fue “evacuado a Valencia”. Se ignora el lugar y el momento en que le asesinaron. “Entre los casos semejantes que se cuentan, a unos los hacían bajar del coche en Alcázar de San Juan, y allí los asesinaban; a otros los llevaban a Valencia, y allí se deshacían de ellos.”

Pascual de Castro Herrera, S.D.B.

pascualdecastro.jpgEn Topas, Salamanca, nació el 2 de septiembre de 1915. Desde 1931, pasó cuatro años en los madrileños colegios salesianos del Paseo de Extremadura y de Carabanchel Alto, distinguiéndose por el estudio, la disciplina y una alegría contagiosa.
En las relaciones familiares era franco y espontáneo, vivía inmerso en el estudio que le resultaba fácil; estaba convencido que la confesión y comunión debían ser más frecuentes, en aquellos años en que se perseguía a la Iglesia en España. Señalaba el cielo como lugar de reposo de las dificultades y luchas. Se mostraba decidido al escribir a su familia el 2 de junio de 1933: “Ya sabéis que a los religiosos les ha sido prohibido enseñar, pero han sido respetadas las casas de formación; y si fuera necesario salir de España, no dudo que vosotros me dejaréis marchar, ya que yo estoy dispuesto a cualquier cosa”.

En el verano de 1935 ingresó en el noviciado de Mohernando (Guadalajara). “Cuando la madre, llorosa en la vestición de la sotana, le hizo notar el peligro que corría si continuaba en el seminario, debido a que en aquellas fechas comenzaba a arreciar la persecución, le contestó con gran valentía: “Madre, ¿y yo qué puedo temer? Lo peor que nos podría pasar es morir, y en tal caso soy feliz”. El mártir profesó como salesiano, en Mohernando (Guadalajara), en 1936, cinco días después de que hubiera comenzado la Guerra civil.

El mismo día de la profesión religiosa, el 23 de julio de 1936, precisamente, fue detenido junto con toda la comunidad. El 2 de agosto fue trasladado a la cárcel de Guadalajara y, el 6 de diciembre de 1936, fusilado en compañía de su director y de cinco jóvenes salesianos más, compañeros suyos.

Nicolás de la Torre Merino, S.D.B.

nicolasdelatorre.jpgEste salesiano coadjutor de la comunidad de Estrecho, encargado de recoger los donativos de los cooperadores, nació el 4 de marzo de 1892 en Béjar, Salamanca. Era hijo único de una familia pobre y quedó huérfano de padre cuando tenía 4 años. Frecuentó desde niño el colegio salesiano de su pueblo natal, distinguiéndose ya entonces por su sólida piedad. El 19 de marzo de 1905 entró interno como aprendiz de zapatero en la casa de Sarriá, en Barcelona. El buen ambiente de la casa suscitó en él un vivo deseo de hacerse salesiano. Hizo el noviciado en la misma casa de Sarriá, donde también profesó como salesiano coadjutor en 1910.
Don Nicolás estuvo primero destinado en Valencia y seguidamente pasó a Sarriá. De 1919 a 1931 estuvo en la casa de Atocha, excepto dos cursos, 1925-1927, que estuvo en La Coruña. De 1931 a 1933 estuvo destinado en Vigo-San Matías, y los tres últimos años de su vida en Estrecho. En todas partes se ganó el corazón de sus alumnos por su viva piedad y singular simpatía.

Al salir en libertad de la Dirección General de Seguridad parece que se instaló en una pensión de la Colonia del Viso. En ningún momento abandonó don Nicolás su labor de cobro de los recibos de los cooperadores. Con su cartera de cuero bajo el brazo mantenía ininterrumpidamente contacto con ellos. Fue detenido a causa de estas visitas, o, tal vez, por una denuncia personal de alguien que sabía de su condición de religioso. Inmediatamente le condujeron al edificio incautado de las Damas Apostólicas, en la calle Francisco de Rojas, 4. Allí se quedó preso y allí se perdió su rastro. Fue asesinado el 8 de agosto de 1936. Como testimonio queda una fotografía de él fusilado.

Higinio de Mata Díez, S.D.B.

higiniodemata.jpgEl aspirante Higinio de Mata Díez, asesinado junto con don Carmelo Pérez y su primo Juan de Mata, de las casas de Carabanchel Alto y Atocha respectivamente, había nacido en Ubierna, Burgos, el 10 de enero de 1909. Sus padres lo educaron en una vida espiritual sencilla y robusta, alimentada con sólidas devociones: comulgaba con frecuencia y rezaba diariamente el rosario en familia. Invitado por su paisano, también asesinado, don Enrique Saiz, a sus 25 años entró a trabajar en la casa salesiana de Carabanchel Alto, seguramente con la perspectiva de llegar a ser coadjutor salesiano.
Con don Enrique y otros salesianos de la comunidad de Carabanchel Alto, Higinio estuvo primero refugiado en la pensión Loyola de la calle Montera, 10, de Madrid. Luego se instaló en la pensión Nofuentes de la calle Puebla, 17. Preguntando por una religiosa, se presentaron allí unos milicianos el día 1 de octubre de 1936. Insatisfechos con la respuesta negativa dada por la dueña de la pensión, los milicianos interrogaron a los presentes por la “pinta de frailes que tenían”. De nada sirvió que tanto Higinio como su primo Juan dijeran que no lo eran. Detenidos, pues, todos, cuando ellos dos y don Carmelo Pérez, salieron a la calle fueron inmediatamente introducidos en un coche y conducidos directamente a un desconocido lugar donde los fusilaron.

La virtud característica de Higinio fue la humildad, a la cual hacían corona una amabilidad exquisita y una obediencia a toda prueba. Poco antes de la rebelión militar contra la República, había hecho los Ejercicios Espirituales en los que tuvo el presentimiento de su próximo martirio. En efecto, el 9 de julio de 1936 escribía a sus hermanos: “ […], creo que no volveréis a verme más, únicamente en el Cielo, si Dios quiere”.

Virgilio Edreira Mosquera, S.D.B 

virgilioedreira.jpgEn julio de 1936, don Virgilio Edreira tenía 26 años y llevaba tres de prácticas pedagógicas en Carabanchel Alto. Había nacido en La Coruña el 27 de noviembre de 1909. Fue aspirante en el colegio salesiano de La Coruña, en Astudillo (Palencia) y en Madrid-Paseo de Extremadura. El 12 de octubre de 1931 profesó como salesiano en Mohernando, Guadalajara, donde permaneció para estudiar la filosofía. En 1933 fue destinado a Carabanchel Alto para el trienio práctico.
Al producirse el asalto al seminario salesiano, el 20 de julio, don Virgilio se pudo camuflar entre los aspirantes. Inadvertido, pues, se trasladó con ellos al colegio de Santa Bárbara.

Pero allí su vida corría peligro. Por eso se trasladó al domicilio de doña Cristina Cobo, hermana de Esteban y Federico Cobo Sanz, salesiano y aspirante respectivamente. Con ellos estuvo allí hasta que el acoso de los vecinos le obligó de nuevo a cambiar de domicilio. Parece que se dirigió a la pensión donde residía su hermano Francisco, clérigo trienal del colegio de Madrid-Paseo de Extremadura. Vivieron juntos hasta el día de su detención.

Tanto mientras estuvo en casa de los hermanos Cobo como luego en la pensión con su hermano Francisco, Virgilio desarrolló una actividad intensa y continua. Recogía las noticias que saltaban de boca a boca en la calle y las comunicaba a los Superiores. Visitaba a los salesianos presos en la cárcel de Ventas, recorría las pensiones y domicilios donde estaban refugiados otros y servía de enlace entre el inspector, encarcelado, y los hermanos de la ciudad.

Las visitas que solía hacer a los aspirantes que permanecían en Santa Bárbara levantaron sospechas entre los milicianos. Hasta que fue identificado como religioso. Un día le siguieron de lejos, espiaron su domicilio y, a la noche, le detuvieron junto a su hermano Francisco.
Según la narración de un testigo directo, los hermanos Edreira estuvieron en la checa de Marqués de Riscal, 1, antes de su asesinato por ser religiosos salesianos, el 29 de septiembre de 1936. De ambos hermanos fusilados, hay fotografías.

Francisco Edreira Mosquera, S.D.B.

franciscoedreira.jpgNació el 25 de noviembre de 1914 en La Coruña. Los padres se distinguieron por su acendrada piedad. Entre sus muchos hermanos le influyó especialmente Virgilio, mayor que él, y también mártir, a quien siguió como alumno de los Salesianos de La Coruña y después en la vocación. Hizo el aspirantado en el colegio San Miguel Arcángel de Madrid y, de allí, pasó al noviciado de Mohernando (Guadalajara), donde profesó en 1932. En 1934 fue destinado, para las prácticas pedagógicas, al colegio San Miguel Arcángel del Paseo de Extremadura, donde en julio de 1936 le sorprendió la revolución y la consiguiente persecución religiosa que le llevó al martirio. En el colegio salesiano del Paseo de Extremadura se hicieron palpable realidad las esperanzas que, en el maestro y asistente don Francisco, habían depositado los Superiores, pues habiéndole confiado clases de gran responsabilidad, él las dio con gran competencia y todo el entusiasmo de su juventud.
El 29 de septiembre de 1936, don Francisco Edreira recibió la misma muerte martirial que su hermano Virgilio, clérigo trienal de la comunidad salesiana de Carabanchel Alto. Tras haber estado cada uno de los dos hermanos, por separado, refugiados en diversos domicilios, ambos terminaron juntándose, como ya sabemos, en una pensión de la calle Infantas de Madrid, lugar hasta el que se acercaron a detenerles unos milicianos. Allí, los hermanos Edreira, fueron identificados como religiosos salesianos y detenidos como tales, y, a continuación, los llevaron a la checa de Marqués de Riscal, de donde salieron luego para ser fusilados por el motivo indicado.

Durante su corta vida salesiana, Francisco se distinguió por su inocencia, su espíritu de sacrificio, el amor al trabajo y al estudio, y una devoción singular a san José, que ponía de manifiesto, sobre todo, cuando llegaba su fiesta.

Ramón Eirín Mayo, S.D.B. 

ramonein.jpgDon Ramón Eirín es otro de los coadjutores de la madrileña casa de la Ronda de Atocha asesinados en diciembre de 1936. Nació el 26 de agosto de 1911 en La Coruña. Alumno del colegio salesiano coruñés, en el taller de carpintería, sintió nacer su vocación: al principio aspiraba al sacerdocio; pero pronto comprendió que Dios le quería coadjutor apóstol entre los obreros, según el espíritu de don Bosco.
Hizo el noviciado en Mohernando (Guadalajara), donde profesó como salesiano en 1930. Para perfeccionarse en su oficio, fue enviado a San Benigno Canavese (Turín), donde estuvo des 1932 hasta 1935. Destinado a la casa de Atocha, la persecución truncó al cabo de un año su apostolado entre los alumnos carpinteros, que lo recordarán siempre muy virtuoso y con un espíritu que comunicaba a cuantos le rodeaban.

El día 19 de julio, cuando los milicianos iniciaron el asalto al colegio, don Ramón saltó por una ventana a la calle y se puso a salvo en el portal de un edificio cercano. Al obligarle los porteros de la casa a marcharse de allí, se dirigió primero a la pensión Vigo, situada en la plaza de Santo Domingo. Luego pasó a otra situada en la calle Antonio Grilo, 6.

Algún tiempo después, don Ramón se puso a trabajar como enfermero en el asilo de Ancianos Incurables de la calle Atocha. Allí le detuvieron el 15 de diciembre de 1936. Eran las seis de la tarde. Dos desconocidos entraron en el hospital, acompañados de milicianos y se lo llevaron. No se supo más de él. Permanece en la penumbra el lugar de su asesinato y sepultura. Lo más probable es que fuera fusilado en Paracuellos del Jarama y esté enterrado en el cementerio de esa localidad madrileña.

Salvador Fernández Pérez, S.D.B.

salvadorfernandez.jpgEste salesiano que tenía el cargo de confesor en la casa salesiana de Estrecho desde 1935, nació el 29 de julio de 1870 en San Pedro de Creciente, Pontevedra. Entró en las escuelas Salesianas de Sarriá, a sus 19 años. Allí mismo hizo el noviciado y profesó como salesiano en 1891. Acabados los estudios filosóficos, fue destinado al oratorio Don Bosco de Santander. Allí recibió el presbiterado en 1896.
Empezó a ejercer el sacerdocio en Málaga, donde estuvo dos años. A continuación fue destinado a Vigo-San Matías y, seis años después, a Santander, un año a la casa Don Bosco y tres a la casa María Auxiliadora. Los años 1910-1913 fue director en Orense y, seguidamente, volvió a Vigo-San Matías. De 1915 a 1922 estuvo en Baracaldo y luego volvió a Orense como confesor. De 1924 a 1928 es encargado de la obra salesiana de Allariz y, los tres años siguientes, director-prefecto de Orense. Antes de llegar como confesor a la casa de Estrecho, estuvo destinado durante cuatro años, 1931-1935, en la casa de Baracaldo, con la misma encomienda.Con los demás salesianos de la comunidad de Estrecho, don Salvador fue a parar a la Dirección General de Seguridad, tras el asalto al colegio el día 19 de julio. Al ser puesto en libertad, se refugió durante algún tiempo en domicilios de diversos parientes. Finalmente, recaló en la pensión Manzano de la calle Libertad, 12. Allí permaneció desde el 28 de agosto hasta el 18 de septiembre de 1936. Este día se presentaron en la pensión unos milicianos que, tras reconocerle como sacerdote, se lo llevaron detenido, primero a la checa de Méndez Álvaro y seguidamente a la de Fomento.
El lugar de su sacrificio permanece velado. Diez días más tarde se exponía la fotografía de su cadáver en la Dirección General de Seguridad.

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3 comentarios to “1. Mártires de Cristo I”


  1. […] tener “pinta de frailes” El postulante salesiano de la comunidad de Carabanchel Alto Higinio de Mata Díez, de 27 años y natural de Ubierna (Burgos) fue ejecutado en Madrid el 1 de octubre de 1936 junto […]


  2. […] Pedro Artolozaga Mellique, de 23 años, había nacido en 1913 en Astrabudua-Erandio (Vizcaya), era seminarista salesiano en Carabanchel Alto, fue asesinado el 2 de octubre de 1936 en la carretera de Andalucía (Madrid) y beatificado en 2007 con otros 62 salesianos. […]


  3. […] 22. Antonio Tomás Fernández Camacho, 43 años, de Lucena (Córdoba), Sacerdote salesiano de la comunidad del colegio de la Santísima Trinidad de Sevilla, asesinado en esa ciudad el 20 de julio de 1936, beatificado el 28 de octubre de 2007, en la causa de Enrique Saiz y 62 compañeros salesianos. […]

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